Si nuestro país tuviese un apellido, este sería probablemente Amália. Nadie ha conseguido expresar tan bien ella nuestras penas (venga, va, y también algunas alegrías).
Y si el fado es el alma de Portugal, Amália es su bandera. Ningún panteón será lo suficientemente grande para albergar su genio y su misterio. Por eso, sugerimos que se construya para ella otro con todas las ventanas de Lisboa, desde donde, mirando al Tajo, le rindamos su merecido homenaje. Nosotros y los admiradores de todas las naciones que, al oír la lengua de Amália, oyen la voz del corazón.